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La Espiritualidad y los Millennials

La Espiritualidad y los Millennials

 

Cada vez son más los desafíos que nos plantea el proceso de adaptación a las nuevas formas de comunicación. Éstas evolucionan constantemente e inclusive un “Millennials” debe de mantener un ritmo de auto-capacitación permanente. De lo contrario, perdería tantas oportunidades como en las generaciones pasadas, que en su mayoría, ya han dejado de lado el interés en involucrarse y adentrarse en las nuevas tecnologías.

Esta situación no es ajena a la Iglesia Católica. Por eso, es fundamental vincularnos y comunicarnos con los jóvenes a través del lenguaje que ellos usan, por medio de los canales que ellos manejan, con la tecnología que en este momento utilizan.

Pero ¿Cómo podemos incentivar una convivencia en la Espiritualidad si estamos rodeados de la cultura de la inmediatez, el antropocentrismo y las nuevas tecnologías comunicacionales?

El P. Reynaldo Hegerty define a la Espiritualidad como el “Ser auténtico con uno mismo y mantener una filiación con el Padre para poder vivir nuestra relación como hijo/hija amados por Dios”.

El primer paso sería entonces: Enseñar a entender la naturaleza humana y aprender a querer nuestras ventajas, así como también las limitaciones que cada uno y cada una en su individualidad posee, ya sean físicas o emocionales. Conocernos, entendernos, saber quiénes somos nos ayuda a ser auténticos y reales. A partir de ese punto somos conscientes de que existe un poder superior, un Dios que nos ama y nos invita a amarnos por igual.

Además “Como Sacerdote, la espiritualidad consiste en profundizar mi relación con Dios por medio de la meditación del Evangelio, tratando de identificarme más con Jesús que cumplió en toda la voluntad de Dios” nos menciona el P. Reynaldo.

De este punto debemos destacar la importancia de su liderazgo espiritual como personas que están formadas y son firmes en sus convicciones. Los sacerdotes proyectan madurez, conocimiento y humildad en su vocación. Ellos pueden orientarnos y ayudarnos a encontrar el camino de seguimiento al Señor, debido a su constante cercanía con Jesucristo son, para nosotros, ejemplos de vida.

Los Laicos, sin embargo, tenemos una realidad de vida diferente y está llena de necesidades personales/familiares que urgen atender en su hogar, en el trabajo… Además, está el contexto de inmediatez y las nuevas tecnologías que condicionan el instante por el que transcurre nuestra vida. En este sentido,  es muy difícil postergar la realización del objetivo hasta que se cumpla el principio: “Si no produce, está perdiendo el tiempo”.  Esta situación la vemos reflejada en muchos jóvenes cuando dejan de estudiar para trabajar por la necesidad urgente de dinero. Esto les da satisfacción a corto plazo, pero luego llegan a ser personas vacías, frustradas y carentes de argumentos cuando se trata de defender sus derechos laborales y satisfacer sus necesidades de dignidad personal y colectiva. Una consecuencia directa de esta situación: es la explotación, la pobreza y la corrupción institucionalizada en diversos estratos de nuestra sociedad.

“La corrupción corrompe y degrada a la persona. Por ello es muy difícil ser fiel a sí mismo, a sus ideales y a sus valores en un contexto donde todos están aprovechándose de algo, ya sea por medio de la mentira, la coima, la explotación, etc. Es muy difícil mantenerte firme y solido en tus valores cuando estas en dicha situación”. Resaltamos la importancia de ser más conscientes y atentos al mundo en el que vivimos y a pesar del contexto que nos rodee podamos ser capaces de aportar a la dignidad y el valor de cada persona. “Miren hacia donde están sus posibilidades, sus talentos, pero también sean fieles a sí mismos” nos dice el P. Reynaldo.

Entonces es importante adaptarnos a la comunicación Millennials, pero más importante es saber que vamos a decirles o que debemos hacer cuando entremos en contacto con ellos o ellas. Debemos estar preparados tecnológica y emocionalmente para interactuar asertivamente.

Muchas veces hemos desviado la atención del contenido y nos preocupamos por realizar eventos masivos y llenos de fervor juvenil que sólo se convierten en eventos temporales, del momento y carentes de significado. Lo más importante que puede ayudar a despertar el sentido espiritual en los jóvenes para motivar y comprometer su participación en la Iglesia y en sus comunidades, según el P. Reynaldo es: ESCUCHARLOS

“…en una celebración recuerdo… al finalizar una confirmación de jóvenes uno de ellos me dijo: Padre gracias por este tiempo, es la primera vez que alguien me ha escuchado con seriedad y con tiempo en toda mi vida… Se grabaron esas palabras en mi mente y bueno esa experiencia se multiplica”

Los jóvenes debemos volver al contacto personal, al compartir, al diálogo y escuchar apreciando todo lo que nos rodea.